11 consejos para los hombres casados

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A pesar de las opiniones de nuestros tiempos, los padres confesores sobrevivientes, los sacerdotes ortodoxos enseñan, de su experiencia de guias espirituales para las familias,  que la mujer siempre necesita el apoyo del hombre. Por eso, el hombre tiene una mayor responsabilidad para que su matrimonio sea un éxito. Muchas veces, él no se da cuenta de eso y tampoco comprende o acepta plenamente la psicología femenina. Y esto puede ser una constante fuente de frustraciones y problemas. El Archimandrita Efrem del monasterio athonita Vatoped aconseja a los hombres que asuman la gran parte de la responsabilidad de su matrimonio, siendo verdaderos lideres y modelos de familia, según el modelo cristiano de la humildad afectuosa. Aquí están los 11 consejos para los hombres casados, de parte del Padre Abad Efrem:

1. Si ya estás casado, solamente tienes que seguir los siguientes 11 consejos. Pero, si no estás casado, antes de hacerlo, lo primero que debes abordar es su creencia. ¿Es la mujer que amas creyente, va a la iglesia? Si no están de acuerdo en las cuestiones religiosas, en la fe, entonces su matrimonio no será tan duradero.

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2. Dentro del matrimonio, el amor debe venir desde el hombre hacia la mujer. Esto nos ha enseñado Cristo a través de Su iglesia. Se ha entregado a sí mismo para glorificarla.

3. El hombre debe mostrar el amor hacia su esposa en cada momento, y también demostrarle que todo su sacrificio y su lucha tienen una sola finalidad: la felicidad de  su esposa.

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4. El esposo debería ser para la esposa-dependiendo de las circunstancias – a veces padre, a veces hermano y siempre su hombre.  Si lo hará, recibirá siempre de su esposa solamente armonía y comprensión, que muchas veces es blanda y se sacrifica, pero otras veces en situaciones insignificantes, pierde su coraje y tiene miedo.

5. El hombre, quien es la cabeza de la familia, no debe traicionar el amor y la relación con su esposa, porque el diablo y sus servidores no se cansarán de hacerlos pelear, para destruir la misma fuente de la vida.

6. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más fragil.” (1 Pedro, 3:7). Esto significa que el aislamiento de la mujer se cura con amor y delicadeza, no con ansiedad y quejas.

7. El espíritu de la mujer es tan fragil, que una vez que se da cuenta de que el esposo tiene una cierta amabilidad para otra mujer, sea ella compañera de trabajo o amiga, dentro  de su corazón nace la envidia. No porque sería una pasión del hombre, sino porque ella quiere mucho a su esposo. Por eso, el esposo debe, con ternura, encontrar el “botón” para ablandar a su esposa.

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8. La mujer, después del nacimiento del primer hijo, ya no desea al hombre para satisfacerla sexualmente, sino desea que él le entregue su amor y ternura. Por eso, el esposo debe saber esto y ser tierno con su esposa.

9. El esposo nunca debe hacer alguna observación a su esposa frente a otras personas, porque muchas veces, los esposos, por egoísmo, se quejan de sus esposas mayormente en la presencia de sus familias.

10. Y si la esposa llama a su esposo en su trabajo, este no debe responder agresivamente diciendole: “Déjame, no tengo tiempo para ti ahora”, sino que debería decir lo siguiente: “Cariño, estoy ocupado ahora, pero te llamaré yo un poquito más tarde.” Cuando la esposa comprenderá y se convencerá de que el esposo la ama, entonces la esposa estará a sus pies inmediatamente, lista para cualquier sacrificio.

11. No debe esconderle algo a su esposa, porque ella lo descubrirá a su tiempo. Debe decirle todo y consultarla en todo. No es bueno que la esposa descubra estas cosas de su familia, de sus compañeros o amigos.

Si la mujer no siente el amor de su esposo, el vacío de su corazón no sera llenado ni por el amor de sus padres y tampoco por el de sus propios hijos. Así de grande es el sacramento del matrimonio, que el vacío del corazón de la mujer, creado por la falta de amor del esposo, no puede ser llenado ni siquiera por el amor de sus propios hijos.

En conclusión, la mayor responsabilidad para cualquier problema que aparece dentro del matrimonio lo tienen los hombres, porque no demuestran su amor hacia sus esposas. Aman a las mujeres, pero, desafortunadamente, no las suyas. Esta es la fuente de la maldad. Entonces aparecen los celos y las dudas.

(Extracto del libro “Testimonio Athonita en Rumania”, escrito por el Archimandrita Efrem, Abad del Monasterio Vatoped, publicado por el San Monasterio Vatoped en 2004)

 

 

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